IANANTUONY, ENTRE EL MASSISMO Y EL MDF QUE TOMA DISTANCIA
La política interna empieza a convertirse en otro frente incómodo para Sebastián Ianantuony. En el MDF lo miran con cierto recelo y en el Frente Renovador no parecen demasiado entusiasmados con cargar con el costo de una gestión cada vez más complicada y, puertas adentro de General Alvarado, el “ianantuonismo” parece haber quedado reducido a una pequeña expresión , si es que alguna vez esta fuerza por si sola existió.
Algo, al parecer, está cambiando alrededor del intendente Sebastián Ianantuony y quienes conocen los movimientos de la política local empiezan a percibirlo con bastante claridad: cada vez son menos los que parecen dispuestos a cargar con el equipaje del jefe municipal.
El fenómeno no tiene todavía la forma de una ruptura ni mucho menos de una estampida, pero sí comienza a adquirir los contornos de un progresivo distanciamiento, de esos que en política rara vez se anuncian con bombos y platillos porque primero aparecen en los silencios, en las ausencias, en las conversaciones reservadas y en esa vieja costumbre de empezar a mirar hacia otro lado cuando el barco deja de navegar con la misma placidez de otros tiempos.
“Otra tribu”
En el MDF de Axel Kicillof, la pertenencia massista de Ianantuony nunca pasó inadvertida. El intendente puede compartir reuniones, fotografías y ámbitos institucionales con el gobernador, pero una cosa es pertenecer al mismo universo político y otra bastante distinta es formar parte de la misma tribu, especialmente cuando el peronismo bonaerense atraviesa un proceso de reacomodamiento en el que cada espacio intenta conservar sus territorios, sus dirigentes y, sobre todo, su capacidad de proyectarse hacia lo que viene.
Por eso, en las conversaciones de algunos referentes del MDF aparece una definición que resulta bastante gráfica: “Seba, es oficialista, pero eligió otra tribu”.
La frase parece sencilla, pero encierra una cuestión política de fondo, porque en un escenario donde el MDF busca consolidarse como estructura propia, la pertenencia al massismo coloca a Ianantuony en una zona intermedia, institucionalmente cercana, pero no necesariamente dentro del círculo de la confianza.
Algunos integrantes del denominado “Kicillofismo” con llegada a las oficinas del tercer piso del palacio municipal aseguran que a estas alturas existen muchas diferencias con la gestión actual y que las mismas fueron “planteadas de frente, pero no obtuvimos respuesta. Nosotros creemos que hay otra manera de hacer las cosas”, dicen ahora.
No hace falta demasiada exégesis para entender el mensaje: no están hablando solamente de una diferencia circunstancial, sino de una manera distinta de entender la construcción política, la relación entre los dirigentes y los ciudadanos y, fundamentalmente, la forma de ejercer el poder y manejar una comuna.
El problema para Ianantuony es que el otro lado de la avenida tampoco parece ofrecerle demasiado abrigo.
En el Frente Renovador, donde el intendente mantiene su pertenencia política, tampoco sobran los motivos para querer llevar sobre los hombros los problemas de General Alvarado, especialmente cuando Sergio Massa y su espacio intentan reordenar sus propias piezas y pensar cómo llegar al próximo capítulo del peronismo bonaerense sin quedar atrapados en los costos de cada administración municipal.
Así mientras algunos dirigentes regresan al lugar del que al parecer nunca se fueron e intentan mover el barco hacia adelante, reorganizarse y recuperar protagonismo, otros ven una gestión que acumula demasiados problemas y desgaste.
Y todos saben que en política, cuando empiezan a aparecer los costos, las solidaridades suelen volverse bastante más selectivas.
“Ianantuonismo”?
Pero quizás el dato más significativo esté en el propio distrito, porque más allá de las pertenencias provinciales hay una pregunta que resulta difícil de esquivar: ¿dónde está hoy el ianantuonismo?, si es que alguna vez existió una corriente política con identidad propia alrededor del intendente; cosas que muchos ponenen en tela de juicio.
De ser así hoy parece haber quedado reducida a un grupo pequeño de funcionarios y amigos, una situación que deja expuesta una diferencia sustancial entre administrar un municipio, mal o bien, y construir una estructura política capaz de sobrevivir con el tiempo.
Todo hay que decirlo.
Quizás Ianantuony haya conseguido armar equipos y llevar adelante una administración, pero otra cosa es haber generado una corriente política con dirigentes capaces de defenderlo, proyectarlo y, llegado el caso, disputar poder en su nombre.
Y allí aparece una palabra que puede resultar incómoda, pero que describe bastante bien el momento: orfandad.
No porque el intendente esté solo literalmente, sino porque para muchos cada vez cuesta más identificar un núcleo político propio, compacto y reconocible que esté dispuesto a poner el cuerpo cuando llegan las malas noticias.
Es en esa zona gris donde empieza a percibirse ciertos problemas no porque Ianantuony haya dejado de mandar, sino porque se empieza a observar una distancia entre ejercer la autoridad institucional y ejercer liderazgo político.
El despacho sigue allí, la firma sigue teniendo valor y la estructura municipal continúa respondiendo institucionalmente al intendente, pero el poder político tiene otras reglas y necesita algo más que funcionarios: necesita dirigentes, necesita pertenencia y necesita personas convencidas de que acompañar "al jefe" también forma parte de su propio proyecto. Y hoy no son pocos los que ponen en duda esa idea; aún aquellos que hace unos años cantaban las mismas canciones con “Seba”.
Cuando esto es así aparecen los equilibrios, los cálculos y las distancias prudenciales.
Y todavía falta mucho. Demasiado, quizás, para quienes ya están pensando en el 10 de diciembre de 2027.
Porque en política un año puede ser una eternidad y durante ese tiempo pueden cambiar gobiernos, alianzas, candidaturas y hasta lealtades que hasta hace un tiempo parecían inamovibles; pero también puede suceder que un desgaste que hoy parece administrable termine convirtiéndose en una bola de nieve difícil de detener.
Soledad
Así las cosas, el MDF parece marcar distancia; el massismo no parece dispuesto a convertir sus problemas en propios y, en el plano local, como ya se dijo, el “ianantuonismo” está en problemas.
No hay demasiada épica en esta idea, pero sí bastante política, porque cuando un dirigente deja de ser visto como un activo y empieza a ser considerado un costo, las reglas del juego cambian silenciosamente y los antiguos compañeros de ruta comienzan a buscar la manera de viajar más livianos, aunque el camino sea corto y no sepan bien a donde los lleva,
D.R