OTRA VEZ EL PJ JUEGA A LA INTERNA

OTRA VEZ EL PJ JUEGA A LA INTERNA
Axel Kicillof, CFK y Sergio Massa.

La interna peronista vuelve a ocupar titulares, aunque por ahora nadie parece dispuesto a romper de verdad con el espacio. Entre cruces, candidaturas insinuadas y pases de factura, la pelea parece que busca  más el  poder que un proyecto para ofrecer al electorado.
 
El peronismo sigue transitando el camino que más conoce y que habitualmente  está cerrado para sus afiliados:  La interna permanente.
 
Dirigentes que se acercan, otros que se alejan, candidaturas que aparecen y desaparecen y una interminable discusión sobre quién tendrá la lapicera cuando llegue el momento de armar las listas.
 
En ese escenario, Axel Kicillof prepara para el sábado 19 de septiembre un acto del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en la sede de la UTN de Villa Domínico. Allí el gobernador busca darle  mayor fuerza  a su espacio con la intención de convertirlo en una  herramienta con proyección nacional.
 
Kicillof, por ahora, evita hablar abiertamente de una candidatura presidencial para 2027. Prefiere construir estructura, sumar dirigentes y marcar territorio. Su estrategia parece ser la de avanzar sin terminar de decir hacia dónde quiere ir, a pesar de que todos ya conocen sus intenciones. 
Y allí aparece una de las principales contradicciones del escenario: el gobernador se presenta dispuesto a discutir el liderazgo del peronismo, pero todavía no se anima a tocar algunas de las teclas que podrían convertir esa construcción en una verdadera alternativa al kirchnerismo.
 
Porque una cosa es reclamar autonomía política y otra muy distinta es romper con quienes durante años conservaron el control de buena parte del aparato partidario y hasta fueron sus impulsores. Kicillof parece haber entendido que necesita diferenciarse, aunque todavía mide cuidadosamente hasta dónde puede hacerlo  sin perder parte importante de la tropa tan necesaria a la hora de la votación.

 Massa vuelve a escena

 Mientras tanto y como ya es habitual, Sergio Massa volvió a caminar por el centro de la escena después de un prolongado período de bajo perfil, como si pensara que todos los argentinos  sufren de anesia colectiva partidaria o poseen memoria a corto plazo.
El  ex “super ministro” que junto al binomio Fernández –Fernández  dejó al país con un 50% de personas pobres y más del 200% de inflación anual,  recuperó exposición para instalar al Frente Renovador en la conversación de cara a 2027.
 
Massa conoce perfectamente el juego. También conoce sus reglas y, sobre todo, la utilidad de mantener abiertas varias puertas al mismo tiempo. Siempre lo hizo, desde “barrer los ñoquis de La Cámpora” a ser socio en la msma fábrica de pastas.
 
Es el conocido doble juego massista: mantener todas las alternativas disponibles hasta que el escenario obligue a elegir. Para algunos su regreso no es un lanzamiento a una candidatura sino la intención de recuperar cierto poder y estar listo por si alguien lo necesita.
Otra melod
ía conocida.

Cristina y el hijísimo

En el otro extremo de la disputa aparece Cristina Kirchner y el sector que conduce Máximo Kirchner.
 
Sucede que La Cámpora no admite que Kicillof no acepte la conducción política de la expresidente.  Y para cuestionarlo que mejor que Massa, quien para algunos de los chicos grandes de la “Orga” puede ser el instrumento para esmerilar al gobernador, ya que Máximo, el hijísimo con poder  político heredado, tiene una imagen peor que la del ex ministro.
 Así el personaje
al que antes se miraba con desconfianza hoy puede ser útil a la causa.
 
Dicho en buen romance: las diferencias pueden ser enormes hasta que llega el momento de repartir poder. Otra de las reglas no escritas del  PJ.

Interna, si!! Tontos, No !!

 Las grandes peleas del peronismo parecen tener bastante más de disputa por el poder que de discusión ideológica.
 
Se discute quién conduce, quién arma las listas, quién tendrá mayor peso en la provincia, quién puede llegar a 2027 con mejores chances y quién logra conservar un lugar en la mesa de decisiones.
 
Pero nadie parece dispuesto a sacar los pies del plato. Las críticas van y vienen, las operaciones se multiplican y cada sector intenta mostrar “músculo político” (termino que está de moda y que en el barrio se gtraduce como quien es más capanga”.
 Sin embargo, cuando aparece la posibilidad concreta de quedar
fuera, los capitostes del peronismo suelen reencontrar rápidamente el camino de la unidad.
 
Por eso, buena parte de esta interna también puede leerse como una puesta en escena destinada a mantener movilizado a su electorado, ordenar las propias filas y recordarles a los dirigentes que todavía hay varios jugadores disputando el mismo tablero.
Así las cosas  nadie parece demasiado interesado en discutir de verdad cuánto aparato sobra, cuántos cargos son necesarios o qué estructuras deberían desaparecer. Lo que se discute es quién controla esos espacios.

 Kicillof y sus canciones

 Kicillof enfrenta, además, su propio dilema. Quiere canciones nuevas. Dce tener letra y partitura, pero por ahora no se anima a tocarlas, o al menos no en público.
 
Así puede verse como construye el MDF, suma dirigentes, busca ampliar su influencia y procura proyectarse más allá de la provincia. Pero todavía evita tocar algunas de las canciones que necesariamente tendría que interpretar si realmente pretende convertirse en una alternativa al kirchnerismo. Cosa que más de uno duda habida cuenta de los orígenes y la trayectoria del ex ministro de Economía.
 
La autonomía política no se proclama solamente desde un escenario. También exige decisiones.
 
Y allí está, quizás, la principal incógnita de esta interna: ¿Kicillof quiere realmente la conducción del peronismo nacional o simplemente busca asegurarse un lugar privilegiado dentro de ella?
La respuesta para muchos no está del todo clara todavía.
 
Mientras tanto, Massa vuelve, Cristina conserva capacidad de intervención, La Cámpora resiste y Kicillof construye sin terminar de definir hasta dónde está dispuesto a llegar.
 
El peronismo vuelve a pelearse. O, al menos, vuelve a mostrarse peleado.
 
Por ahora, sin embargo, nadie rompe, nadie se va y nadie deja de mirar de reojo el lugar que podría ocupar cuando llegue la hora de repartir las cartas.
 
La interna está abierta, pero la voluntad de poder del PJ es más fuerte, por eso llegado el omento los acuerdos estarán a la orden del día porque en verdad nadie quiere sacar los pies del plato.

M.O - D.R