GESTIÓN IANANTUONY: ENTRE EL AJUSTE Y LA CRISIS FINANCIERA

GESTIÓN IANANTUONY: ENTRE EL AJUSTE Y LA CRISIS FINANCIERA

Hay una verdad incómoda que la crisis financiera de General Alvarado empieza a dejar a la vista: cuando hay plata, gobernar parece bastante más sencillo; cuando la plata desaparece, aparecen las verdaderas capacidades de una administración.
Y desde hace un tiempo la caja municipal está poniendo a prueba la gestión del intendente Sebastián Ianantuony (PJ).
 
Durante muchos meses la discusión giró alrededor de los recursos que no llegaron, de la situación económica nacional, de la caída de la recaudación , que nunca fue buena-, de las  transferencias que no llegan o mermaron  o del tan mentado “ah pero....” . Esto es cierto y sin lugar a dudas forma  parte del problema – necio sería negarlo - y la propia administración municipal se encargó de plantearlo publicamente.
Pero hay un punto en el que el argumento empieza a quedarse corto.
Porque un municipio puede tener menos recursos. Puede atravesar una crisis. Puede necesitar asistencia financiera. Lo que resulta mucho más difícil de explicar es que, cuando los recursos escasean, la principal respuesta parezca ser recortar en áreas esenciales .

La tijera llegó al Hospital

El dato más sensible de esta crisis aparece donde menos margen debería existir:  la salud.
La situación financiera ya comenzó a repercutir sobre el funcionamiento del Hospital Municipal, con restricciones que alcanzan a los consultorios externos. La noticia no es menor: cuando el ajuste deja de ser una discusión entre funcionarios y contadores y empieza a modificar la atención sanitaria, el problema adquiere otra dimensión.
 
Sucede que el relato oficial lo puede plantear como más le guste, pero lo cierto es que el recorte en la atención de los consultorios externos llega al 25 %. Esto es así porque los profesionales atienden 4 veces por mes y ahora pasarán a atender tres. La cuenta es sencilla. 
Y aquí aparece una contradicción que merece ser discutida.
El propio Ianantuony había definido a la salud como una prioridad de su gestión y había señalado que una decisión política era destinar la mayor parte del presupuesto a ese sector.
Entonces, si la salud es prioridad, la pregunta inevitable es qué ocurre cuando ya no alcanza el dinero para sostener el nivel de atención. Porque una cosa es administrar prioridades. Otra muy distinta es recortar prestaciones porque la caja no responde.
 Quizás nunca lo hizo, al menos la propia.
El otro gran síntoma está en los salarios municipales.
La municipalidad  necesita autorización para recurrir al descubierto bancario con el objetivo de afrontar haberes y aguinaldo. En junio, el Ejecutivo impulsó esa herramienta precisamente ante la insuficiencia de fondos disponibles y el tramite se repetirá al menos hasta diciembre.
El problema es que el descubierto no es dinero gratis. Es plata que llega hoy y se paga mañana con intereses.
Y ese costo ya tuvo una expresión concreta: $22.404.264,44 en intereses por el primer adelanto de fondos utilizado para pagar los salarios de junio. Del resto de los pedidos de adelanto no hubo noticias, ni rendición. Nada de Nada.
Dicho de otra manera: para poder pagar sueldos, la comuna  tiene que pagar también un costo financiero altísimo. Y ese costo no sale de una caja misteriosa. Sale, en definitiva,  del dinero de todos los ciudadanos del distrito.
Esto una especie de círculo que debería encender todas las alarmas: no alcanza la recaudación, se recurre al crédito de corto plazo, se pagan intereses para conseguir liquidez y así sucesivamente.

El problema

 Sería demasiado sencillo —y también demasiado cómodo— atribuir toda la crisis a la falta de fondos provinciales o nacionales.
El propio municipio reconoce que la situación fiscal es compleja. Oficialmente se informó que en junio la masa salarial alcanzaba los $ 1450 millones aproximadamente y una reducción del 40% en las horas extras. Los números muestran que existe un problema real y allí es donde aparece la pregunta política más importante: ¿Cuál es el plan para salir de él?
Porque ajustar horas extras puede ser una herramienta de emergencia. Restringir gastos puede ser inevitable. Postergar determinadas erogaciones puede formar parte de una administración responsable. Pero ninguna de esas medidas constituye, por sí misma, un proyecto de gobierno serio y menos aún resuelve el problema de fondo.

El verano financiero terminó

Durante demasiado tiempo, la discusión pareció descansar sobre una premisa sencilla: si no alcanza la plata hay que buscarla fuera del distrito . Ahora que ese mecanismo muestra sus límites, aparece la verdadera prueba.
Otra vez las  preguntas son tantas como los baches que pueblan las calles de la ciudad:

¿Cómo se mejora la recaudación? ¿Cómo se aumenta la cobrabilidad sin recaer siempre sobre el contribuyente que cumple? ¿Cómo se incentiva la actividad económica local? ¿Cómo se revisa la estructura municipal sin deteriorar los servicios?, ¿Cómo se evita que el descubierto bancario se transforme en una herramienta recurrente para pagar gastos corrientes?

Son preguntas incómodas, pero son las preguntas que debería responder cualquier administración que conduce un municipio desde hace más de seis años.
Sucede que gobernar no es solamente distribuir recursos cuando están disponibles. Gobernar también es decidir qué hacer cuando no alcanzan. Y ahí es donde la administración Ianantuony parece haber entrado en terreno desconocido.

Con los yuyos....

La austeridad puede ser una decisión política o también puede ser simplemente la consecuencia de haberse quedado sin margen.
La diferencia es enorme. Un programa de austeridad tiene objetivos, prioridades, plazos y una estrategia para volver a crecer. Un ajuste de emergencia tiene tijera. Y nada más.
Si la respuesta frente a la falta de recursos termina siendo reducir horas extras, restringir insumos, limitar servicios hospitalarios y recurrir al descubierto para pagar salarios, entonces la discusión ya no puede reducirse a cuánto dinero dejó de enviar otro nivel del Estado. Quizás y solo quiza es momento de mirar también hacia adentro.
Cuando un municipio que necesita endeudarse para pagar los sueldos no está solamente atravesando un problema de caja: está mostrando la fragilidad de su esquema financiero y  falta de previsión. Y si además debe pagar millones de pesos en intereses para conseguir el dinero que necesita para cumplir con esa obligación, la pregunta deja de ser contable y pasa a ser política.

Gobernar sin plata 

Nadie desconoce que administrar General Alvarado en el actual contexto económico no es sencillo. Tampoco sería serio negar el impacto que tuvo la inflación que - el partido  al cual adhiere el intendente dejó en el 211% anual - , el costo de los servicios, los salarios y la reducción de determinadas transferencias. Ante esto  la exigencia a la hora de buscar soluciones debería ser mayor.
Cuando la plata alcanza, muchas decisiones pueden postergarse, pero cuando la plata no alcanza, ya no hay margen para esconder las decisiones detrás de la coyuntura.
Así las cosas el desafío que enfrenta la gestión  Ianantuony ya no parece ser solamente conseguir más recursos, sino  demostrar que existe una estrategia para que General Alvarado pueda funcionar sin vivir permanentemente pendiente del próximo giro, del próximo auxilio o del próximo descubierto.
Si cada mes hay que buscar dinero para pagar salarios, si para conseguir ese dinero hay que pagar intereses y si el ajuste termina llegando hasta los consultorios del Hospital, pasando por otros servicios esenciales, entonces la discusión no es  cuánto falta en la caja; sino qué sabe hacer esta  gestión cuando la caja está vacía.

  D.R