ESTABILIDAD MACRO VS ECONOMÍA DOMÉSTICA. El desafío más allá de la inflación

La mayoría no quiere regresar al modelo anterior. Las encuestas muestran que controlada la inflación la principal preocupación es el empleo y la inseguridad.

ESTABILIDAD MACRO VS  ECONOMÍA DOMÉSTICA.  El desafío más allá de la inflación
El desempleo es una de las principales perocupaciones.

La desaceleración de la inflación y una mayor estabilidad económica dejaron de ser suficientes para sostener el ánimo social. Mientras los principales indicadores macroeconómicos muestran señales de ordenamiento, comienza a instalarse otra preocupación entre millones de argentinos: el temor a descender en la escala social.
 
Ese sentimiento atraviesa principalmente a la clase media y a los sectores que aspiran a integrarla. El problema ya no pasa exclusivamente por el costo de vida o la capacidad de consumo, sino por la incertidumbre respecto del futuro laboral y la posibilidad de sostener el nivel de vida alcanzado tras años de esfuerzo.
 
La mejora en variables como la inflación o la estabilidad cambiaria es valorada por buena parte de la sociedad. Sin embargo, para muchos hogares esos avances todavía no se reflejan en la economía cotidiana. El dinero disponible después de afrontar los gastos fijos continúa reduciéndose, alimentando la sensación de que el sacrificio realizado tarda demasiado en dar resultados concretos.
 
 
Preocupación

En ese contexto, el empleo desplazó a la inflación como la principal preocupación de los argentinos. Más que el desempleo en sí mismo, inquieta la creciente precarización laboral: puestos de menor calidad, salarios insuficientes, pluriempleo y un avance del trabajo informal o bajo modalidades independientes que no siempre ofrecen estabilidad ni perspectivas de crecimiento. Los datos muestran que el mercado laboral continúa generando ocupación, aunque con una composición diferente. Mientras disminuyen los empleos registrados, aumentan las formas de trabajo informal o monotributista, un fenómeno que repercute directamente sobre las expectativas de movilidad social y la percepción de seguridad económica de las familias.
 
Pese a ese escenario, las investigaciones de opinión reflejan un dato que resulta políticamente relevante: la mayoría de quienes respaldaron el cambio de rumbo económico no manifiesta intención de regresar al esquema anterior. Lo que sí aparece con fuerza es el reclamo de ajustes que permitan acelerar la recuperación de los ingresos y mejorar las condiciones del empleo sin alterar el rumbo general.
 
Así, la clase media parece quedar atrapada entre dos realidades. Por un lado, reconoce avances en materia de estabilidad macroeconómica; por el otro, continúa esperando que esos resultados lleguen definitivamente a la vida cotidiana. Ese equilibrio inestable explica buena parte del clima social actual, marcado por la incertidumbre, la cautela y el temor de perder posiciones en la escala social.

Info: G.O . REDACCIÓN