MIRAMAR: DE CONVENIOS, OLVIDOS Y ÉPICOS POEMAS

Mientras intenta sortear el llamado a interpelación que aún sigue en danza y que, al parecer, continúa manteniendo el apoyo de todos los bloques de la oposición, y sana las heridas producidas por el rechazo a la rendición de cuentas, el intendente Sebastián Ianantuony (PJ) dio a conocer ayer la firma del convenio con el Banco Provincia de Buenos Aires del fideicomiso vinculado a la licitación de los balnearios, ocurrida hace poco más de seis meses.
 
A través de sus redes sociales y bajo el título de “Firmamos el fideicomiso para transformar nuestro frente costero”, el titular del sillón más importante de la comuna dio cuenta del acuerdo en cuestión, señalando la lista de funcionarios que participaron de dicha firma vinculada “a la licitación de balnearios y Unidades Turísticas Fiscales (UTF) de Miramar”.
 
Además, Ianantuony recordó que “este proceso, que iniciamos a través de distintas licitaciones públicas y complementamos en este 2026, incorpora como principal novedad la creación de un fondo fiduciario por ordenanza”. Para luego destacar que “el objetivo es muy claro: garantizar la máxima transparencia y asegurar el destino de los fondos aportados”.
 
Otro punto que destacó el intendente fue que “con este nuevo esquema estamos redefiniendo integralmente el frente costero tras más de 25 años de contratos vencidos, estableciendo concesiones por 15 años con opción de prórroga”, a la vez que explicó que “las licitaciones abarcan unidades de sombra y servicios mixtos vinculados a la gastronomía, además de incluir la regulación de paradores en playas públicas”.

Detalles

Lo que no se menciona en el posteo del jefe municipal es que el objetivo de garantizar transparencia —es decir, la creación de dicho fondo fiduciario— fue propuesto por los concejales de la oposición, preocupados en su momento por el destino y usos de esos fondos, idea que  en un principio presentó varios reparos de parte del oficialismo, que finalmente acompañó la sanción de la ordenanza.
 
Según el proyecto original, el fideicomiso en cuestión debería estar constituido por: “a) Aportes de los adjudicatarios. b) Aportes presupuestarios que el Municipio disponga por el decreto correspondiente. c) Recursos generados por la propia gestión del fondo”; y su objeto exclusivo será “la ejecución, gestión e inversión de proyectos vinculados al desarrollo, recuperación y puesta en valor del frente marítimo (...)”.
 
Tras la firma del convenio, lo que muchos esperan que la comuna informe es qué pasará con los pagos que, según afirman quienes siguen el tema a pie juntillas, debían haber operado antes de fines del año pasado y durante los primeros meses del corriente año, cosa que no pudo concretarse ya que la firma de dicho convenio con el Banco Provincia demoró más de seis meses.
 
Las fuentes consultadas indican que el pago de $60 millones, destinado a la reforma del frente costero, debía abonarse en un 20% a los 15 días de firmado el contrato, un 40% el 30 de abril pasado y el resto en 2027. La pregunta que por estas horas se hacen desde parte de la oposición es “cómo se firmó un convenio con el Bapro siendo que hay fechas de pago vencidas”.
Además, algunos ediles quieren saber “quién se hará cargo de la pérdida producida por el tiempo que pasó, ya que no es culpa de los concesionarios la demo
ra en la conformación del fideicomiso”.
 
Otra pregunta que también ronda los despachos de “la opo”,- como suelen llamarlos algunos referentes del oficialismo a sus adversarios políticos-  y que hasta el momento no recibió respuestas que consideren satisfactorias, es saber a ciencia cierta en qué consiste el proyecto de remodelación al cual se destinará el dinero que ingrese al fondo fiduciario y, en todo caso, qué obras estaban previstas y cuáles se eliminaron, habida cuenta de que el mismo pasó de $100 millones a $60 millones para el caso de balnearios y el resto.
A su vez, insisten con recibir en sus escritorios la carpeta técnica
que detalle a ciencia cierta las obras a realizar y no solo un listado de tareas, al que algunos califican de “al menos poco serio”.
 
Es decir, más allá de la buena nueva de la constitución del fondo en cuestión, hay muchas cuestiones que aún no estarían del todo claras o se olvidaron de mencionar desde el palacio municipal conducido por Ianantuony.
 
 
Lotófogos vernáculos?
 

 
Cuando suceden estos recurrentes olvidos, algunos entusiastas de los poemas épicos más importantes de la antigua Grecia —por caso, La Odisea— recuerdan las peripecias que Odiseo (Ulises para los romanos) tuvo que afrontar cuando, tras 10 años de lucha en Troya, decide volver a su reino en Ítaca, travesía que a su vez le llevó otra década.
 M
ientras emprendía el regreso a su hogar, una fuerte tormenta desvía las naves de Ulises de su curso y las envía a la isla de los Lotófagos, en el norte de África.
Allí el guerrero encuentra un pueblo tranquilo y servicial que se alimenta
principalmente de la Flor de Loto, una flor carnosa y dulce que mantenía a los habitantes de esa tierra en un contínio estado apacible y sin preocupaciones.
 
Alertado por esta cuestión, Ulises descubre que la Flor de Loto produce un “olvido profundo”, una “amnesia instantánea” inmediatamente después de haber sido ingerida, razón por la cual los lotófagos vivían en un eterno presente sin recordar nada del pasado.
 A pesar de las advertencias realizadas por el rey de Ítaca, varios de sus hombres comieron de dicha flor, olvidando en forma inmediata de dónde venían, hacia dónde se dirigían, cuál era su misión y sus obligaciones.
Ulises decide entonces llevarlos 
a sus barcos y abandonar el lugar con la intención de que sus hombres no vuelvan a comer de esa flor y recuperen la memoria para poder así cumplir con sus obligaciones de forma completa.
Así las cosas, y recodando el poema de Homero,
 no son pocos los que por estos días se preguntan si habrá quienes hayan saboreado tan amnésica flor en el Megarón del palacio municipal.

D.R