CUANDO LA INSEGURIDAD PASA DE LA EXCEPCIÓN A LA REGLA

CUANDO LA INSEGURIDAD PASA  DE LA EXCEPCIÓN A LA REGLA

El incremento de robos  y hechos delictivos tanto en Miramar como en las localidades del distrito enciende las alarmas de los vecinos.
 
Durante décadas, la gran bandera de Miramar y de todo el partido de General Alvarado fue la tranquilidad. La promesa de una vida pacífica, con puertas abiertas y vecinos que se conocen, fue el motivo principal por el cual miles de familias eligieron establecerse o pasar sus vacaciones aquí. Sin embargo, en los últimos tiempos esa postal parece desdibujarse día a día bajo el avance de una problemática que ya no se puede ocultar: la inseguridad.
 
Desde la zona urbana de Miramar hasta las localidades de Otamendi, Mechongué y Mar del Sur, las denuncias por robos ya sea en viviendas, como de motos, biciletas y últimamente vehículos, dejaron de ser hechos aislados para transformarse en una conversación cotidiana y preocupante.
 
Los cuestionamientos apuntan – en líneas generales-  hacia la secretaría de Seguridad local, la físcalía y hasta en algunos casos a las fuerzas policiales,  camino que indefectiblemente termina en el despacho más importante del tercer piso del palacio municpal, habida cuenta de para muchos es el intendente el último responsable de avanzar en la acciones necesarias para poner un freno a tan delicada situación.
 
Si bien desde la gestión gubernamental se suele anunciar la instalación de nuevas cámaras y la incorporación de tecnología,  damnificados por delitos sostienen que el sistema suele mostrar deficiencias, por caso ausencia de cámaras en determinados lugares o la falta de funcionamiento de las mismas.
 
Dicho en buen romance los contribuyentes exigen una estrategia de prevención  que de respuestas concretas a corto plazo.
 
Frente a la escalada de reclamos, la respuesta de las autoridades suele oscilar entre el reparto de responsabilidades con las fuerzas de seguridad provinciales, la justicia y la promesa de nuevas acciones.
 
Sin embargo, en los barrios la preocupación sigue en aumento con el correr de los días, a punto tal que algunas pequeñas marchas y la utilización de la banca del pueblo en el Concejo Deliberante para exponer el tema,  son el síntoma más claro de una sociedad que siente que la gestión política camina un paso atrás del delito.
 
General Alvarado se encuentra en un punto de inflexión por lo que la comunidad requiere dejar de lado las excusas  y desplegar un plan integral de prevención, de lo contrario, el distrito corre el riesgo de resignar de forma definitiva su activo más valioso: la paz de su gente.

D.R