CUANDO PARTE DE LA HISTORIA SE OCULTA, EL PASADO SE DISTORSIONA (Por: Nicolás Martínez de Vedia, concejal LLA))
La libertad exige una memoria completa.
Durante años, desde el Estado se eligió contar la historia de una manera parcial, sesgada y funcional a intereses políticos, ideológicos y económicos. En lugar de promover una ciudadanía crítica, capaz de estudiar, preguntar y sacar sus propias conclusiones, se consolidó una interpretación que dejó fuera hechos y víctimas centrales de lo ocurrido en la Argentina de los años 70.
Una sociedad verdaderamente libre no puede aceptar que la historia se utilice como herramienta de adoctrinamiento.
El terrorismo de las organizaciones armadas, las víctimas civiles y militares, la violencia previa al 24 de marzo de 1976 y el terrorismo de Estado posterior forman parte de una misma tragedia nacional que debe ser comprendida en toda su dimensión.
Cuando parte de esa historia se oculta o se relativiza, el pasado se distorsiona; y cuando el pasado se distorsiona, también se limita la libertad de las nuevas generaciones para comprenderlo.
La Libertad Avanza sostiene un principio claro: el rol del Estado no es imponer interpretaciones, sino garantizar que los argentinos puedan acceder a una visión completa, rigurosa y sin censuras de su historia.
No vamos a aceptar que quienes eligieron la violencia, las bombas, los secuestros y el asesinato como método político sean presentados como jóvenes idealistas, mientras durante años desde el poder se escondió a sus víctimas y se persiguió cualquier lectura que se animara a cuestionar o desarmar ese relato.
No se trata de reemplazar un relato por otro. Ni tampoco de negar que desde el Estado se cometieron actos indebidos que al tener el monopolio de la violencia corresponde que sean y hayan sido juzgados con todo el peso de la ley.
Se trata de terminar con las verdades a medias, con la romantización de la violencia política y del terrorismo y con el uso del aparato estatal para sostener una memoria militante y selectiva.
La historia de una Nación no puede escribirse recortando aquello que incomoda.
Solo un pueblo libre puede mirar su pasado sin anteojeras ideológicas, con respeto por todas las víctimas y con la madurez suficiente para sostener un verdadero “Nunca Más” basado en la verdad y no en la manipulación.
No hay futuro en libertad si la historia se enseña incompleta.
Una Nación que se anima a revisar su pasado sin dogmas ni prohibiciones es una Nación más fuerte, más consciente y verdaderamente más libre.